Por Jacobo Pombo

Presidente del Global Youth Leadership Forum

@JacoboPombo

LinkedIn: /global-youth-leadership-forum/

Mientras me siento a analizar los desafíos que afrontamos y la coyuntura que vive el mundo en este inicio de 2021, aún me cuesta digerir el impacto real de la convulsión vivida durante el año 2020. El año del estallido del COVID-19, fue también el de la aceleración de gran parte de los procesos globales que estaban en marcha desde hacía años y cuyas tendencias han reconfigurado el mundo en el que vivimos.

Por primera vez, el Planeta sintió que una triple crisis (sanitaria, económica y social) ponía en jaque nuestro modelo de convivencia; pero, a su vez, fue capaz de sacar lo mejor de nosotros mismos. La cooperación (social, económica, científica, tecnológica, política…) nos hizo albergar esperanzas y concienciarnos acerca de la importancia de reforzar los mecanismos de cooperación internacional para responder de manera eficiente a los desafíos globales que afrontaremos en los próximos años.

La sostenibilidad, en sus distintas variables, se percibió como una necesidad de las políticas públicas que volvieron a poner al ser humano en el centro de la toma de decisiones para tratar de paliar los terribles efectos de esta pandemia.

De repente, nos dimos cuenta que teníamos que adaptar nuestros hábitos a un nuevo mundo (post-covid 19) en el que la tecnología, junto a la ecología y la inclusión (como bien remarcó la Comisión Europea) serían los pilares del desarrollo sobre los que resurgiríamos.

Por ello, resultaba más oportuno que nunca reforzar los esfuerzos para sentar las bases de ese nuevo modelo de desarrollo y apoyar a los ciudadanos y empresas a salir fortalecidos del gran desafío que había supuesto la pandemia.

Los jóvenes, vulnerables ante la pandemia

Vídeo: Jacobo Pombo es Presidente del Global Youth Leadership Forum (GYLF), principal foro global de diálogo inter generacional. 

Rápidamente, el mundo entero comenzó a reevaluar sus fortalezas y debilidades frente a ese nuevo contexto, y Europa entendió que podía convertirse en un actor global de referencia si trabajaba en esas tres líneas.

Sin embargo, uno de los grandes desafíos que afrontamos para consolidar este objetivo, es el de nuestros jóvenes. La crisis financiera de 2008-2012 golpeó con excesiva crudeza a este colectivo, y todo parece indicar que las consecuencias del Covid-19 volverán a ser extremadamente duras con las personas menos experimentadas desde el punto de vista laboral.

Talentosa, digitalizada, sensible, colaboradora… la nueva generación de jóvenes europeos está esperando las condiciones adecuadas para eclosionar como lo que son, un motor de desarrollo económico y social que puede revolucionar gran parte del continente (no sólo las principales capitales económicas de la zona Euro).

Por ello, empresas como LUA resultan capitales a la hora de alinear esos criterios de negocio sostenible y dotarles de capacidades y oportunidades.

 

La nueva generación de jóvenes europeos está esperando las condiciones adecuadas para eclosionar como lo que son, un motor de desarrollo económico y social que puede revolucionar gran parte del continente.

Desarrollo del talento joven

Otra de las enseñanzas que nos ha traído esta pandemia, impulsada por la aceleración de procesos (especialmente el de la digitalización y la tecnología) es la importancia de la formación y el conocimiento en un mundo cada vez más competitivo en el que el capital humano va a ser el factor diferencial entre las naciones que prosperan y crean riqueza, y aquellas que se quedan más rezagadas.

Afortunadamente, tenemos una gran oportunidad en este nuevo escenario. Nos encontramos con unas nuevas generaciones (Millenials y Z) que se incorporan al mercado laboral y van adquiriendo cada vez mayores responsabilidades.

Una generación con gran sensibilidad hacia la sostenibilidad

Han crecido con los ODS de la Agenda 2030 como hilo conductor de las políticas públicas y meta del desarrollo de países y empresas, son nativos digitales y entienden la importancia de la cooperación como base para el crecimiento y la consecución de objetivos.

Desde el punto de vista del liderazgo, este talento joven potencia las sinergias y la colaboración como elementos centrales del desarrollo, incorporando los criterios de sostenibilidad a su toma de decisiones y privilegiando las inversiones con carácter socialmente responsable, tal y como señaló recientemente Morgan Stanley.

Entienden la importancia de la formación continua debido a la vertiginosidad del cambio imperante en el contexto en que vivimos, por lo que la adaptación y búsqueda de soluciones a las principales demandas del mercado, muchas veces se hacen por la vía de la innovación, la economía circular y la colaborativa.

Gestión del talento

Ante este nuevo escenario de talento joven, el cual supone una revolución con respecto a las normas y principios imperantes en décadas pasadas, resulta capital la colaboración entre el sector público y privado a la hora de sentar las bases y facilitar el desarrollo económico, preparar a las empresas y trabajadores para este nuevo contexto y poder resultar competitivos en el nuevo escenario internacional, donde estas transformaciones moldearán las distintas economías a nivel nacional, regional e internacional, dotando de oportunidades a aquellos que sean capaces de adaptarse con mayor éxito a las demandas del mercado.

 

Las nuevas generaciones (Millenials y Z) han crecido con los ODS de la Agenda 2030 como hilo conductor de las políticas públicas y meta del desarrollo de países y empresas, son nativos digitales y entienden la importancia de la cooperación como base para el crecimiento y la consecución de objetivos.

Oportunidad de negocio y dinamización social

Por todo lo expuesto, nos encontramos ante un momento de cambio en el cual resulta imprescindible apoyar a las empresas para consolidar su desarrollo con una perspectiva sostenible, digital y de innovación.

LUAfund, por su visión y misión, tiene un gran futuro por delante como motor de desarrollo para todas esas compañías y elemento de dinamización social para una ciudadanía que necesita encontrar referentes inteligentes y sensibles a la hora de dar respuesta a sus necesidades.

Promover, gracias a la digitalización y la generación de ecosistemas de innovación y digitalización, el desarrollo de zonas históricamente menos industrializadas, balanceando el desafío demográfico que nos asola y generando prosperidad, puede ser una gran oportunidad para el desarrollo económico, tecnológico y social de la UE.

LUA supone un gran instrumento para contribuir al desarrollo de nuestras sociedades, potenciando el crecimiento de las compañías y generando prosperidad a lo largo de toda la cadena de valor.

Tenemos un gran futuro por delante si entendemos la trascendencia del momento que vivimos, los desafíos que existen por delante y la importancia de colaborar entre todos para sentar las bases de un modelo que maximice las oportunidades que nos ofrece el mercado, gracias al desarrollo tecnológico, y trate de beneficiar al mayor número de ciudadanos.

LUA es, sin duda, una herramienta fundamental en este proceso.

 

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