Por Manuel Bonilla

Partner de LUA

@manuelbonilla94

LinkedIn: manuelbonillagavilanes

Cuando analizamos una startup con alto potencial de escalabilidad, es decir, una scaleup, lo primero que preguntamos al equipo directivo es: ¿en qué os habéis equivocado? ¿Cuántas veces habéis fracasado tanto en la organización en la que estáis actualmente como en vuestras experiencias profesionales y emprendedoras o empresariales anteriores? Si la respuesta es nunca, malo. O mienten, o les queda mucho por aprender y evolucionar como empresa o emprendedores (y como personas).

Más allá de las carambolas o la pura suerte -que también existe, aunque confiar en ella y encomendarse a su libre albedrío sí es un verdadero riesgo infundado y temerario- todo proceso de generación de valor en cualquier disciplina o ámbito de la vida pasa por la implementación, en mayor o menor medida, de la metodología de prueba/error.

Una de las variables más importantes que un fondo de inversión de capital riesgo debe analizar antes de participar en una empresa, tanto en la fase de Venture Capital como en la del Private Equity, así como en el gap entre ambas (caso de LUAfund), es su nivel de madurez, su efecto experiencia y su track de aprendizaje. Y ello sólo es posible alcanzarlo intentado, testando, probando, equivocándose, aprendiendo, pivotando, intentándolo de nuevo y así sucesivamente hasta alcanzar el éxito y el reto planteado.

Ese camino recorrido -la travesía- tiene tanto valor o más como el hito conseguido porque es el secreto de tu éxito. Y debe ser replicable y escalable.

Te equivocarás muchas veces intentándolo. No abandones: la tenacidad y la insistencia marcan la diferencia

Y tomando las palabras de Picasso, cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando.

Yo no sé cuál es la receta de un éxito seguro pero, por lo menos, gracias al aprendizaje de los errores que hemos cometido y a todos los casos que hemos visto durante tantos años acompañando, transformando y gestionando empresas, equipos y personas, sí sé qué es lo que no hay que hacer.

Esas lecciones que se quedan grabadas a fuego en el ADN de la empresa y de los miembros del equipo -y que nunca se olvidan- son petróleo.

A las personas con las que comparto proyectos en equipo, a mis compañeros, a mis alumnos, a mis jefes y, especialmente, a mi familia y amigos, siempre les digo que de los errores se aprende, que aprendemos para mejorar y que mejorando llegamos a la excelencia. 

Por tanto, no hay nada más positivo que un buen palo en la vida porque eso te hace más fuerte, te quita miedos y te genera resiliencia.

Uno de los activos más importantes que tiene una empresa es su know how, que es la sabiduría que se genera con la experiencia, y la experiencia es el conjunto de vivencias compuesto tanto por los aciertos como por los errores.

Son nuestros fracasos lo que nos aportan un mayor nivel de fortaleza, de humildad y de aprendizaje.

Muestra de que somos proactivos, no solo debemos estar orgullosos de compartir nuestras caídas con nuestros compañeros de equipo -y por tanto aprendizaje-, sino que también es una obligación y algo que debe estar inculcado en la cultura de la organización.

En tanto en cuanto es un intangible de tremendo valor, un conocimiento que compartido, transmitido y viralizado abiertamente a lo largo de toda la cadena de valor de la organización genera sinergia grupal, se convierte en ventaja frente a la competencia y evita, o cuanto menos minimiza, que se pueda repetir ese error, una derivada del mismo u otros colaterales.

A una caída le sigue el volver a levantarse. Por tanto, estamos ante una lección que enriquece a toda la organización de forma general. 

Así mismo, cuando el error no es visto como algo negativo por toda la organización, sino como una de las consecuencias o posibilidades de haberlo intentado, de testar en busca de nuevas líneas de negocio, de expansión, de desarrollo de producto, etc., las personas del equipo se vuelven más emprendedoras e intraemprendedoras, se fomenta la mentalidad positiva y proactiva, algo que es vital y fundamental para la supervivencia de la empresa. Todavía más en entornos VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity y Ambiguity).

Impulsar nuevas iniciativas nos obliga a asumir riesgos, a gestionar los miedos.

Especialmente en los tiempos que vivimos, en un entorno y un escenario tan dinámico, volátil, turbulento y competitivo en el que todo cambia de manera muy fugaz y nos obliga a adaptarnos y a evolucionar a la misma velocidad que, en ocasiones, tratamos de anticiparnos para no quedar fuera de juego.

Por tanto, hay que dejar claro que el error no tiene pena. Predica con el ejemplo, afronta y reconoce el error con actitud positiva y sin miedo. Como dice Bill Gates, está bien celebrar el éxito, pero es mas importante prestar atención a las lecciones del fracaso.

Nosotros lo haremos a la hora de valorar invertir, prestaremos atención a tus éxitos, a tus errores y a cómo los has afrontado y gestionado.

Una empresa es como todo ser vivo: necesita enfermar para generar anticuerpos y, con resiliencia, salir fortalecido e inmunizado. El error, el fracaso, es esa gripe que toda empresa debe superar, y la vacuna para no volverla a pasar es el aprendizaje que se transmite a todos los compañeros de la organización y que queda en el ADN para siempre.

Ese aprendizaje es crucial y de alto valor.

Mi padre me decía –Manuel, de una mala jugada trata de sacar una buena, saca algo positivo, productivo y que de provecho; siempre es posible.-

Así mismo, todo el equipo debe tener claro y entender que a la hora de ser proactivos y de lanzarse a intentar, testar, explorar y experimentar, la clave radica en la capacidad de gestionar el riesgo. Hay que emprender e intraemprender sin miedo, pero tomando las medidas de salvaguarda oportunas, que se establezcan y se sigan los protocolos adecuados y se practique con la prudencia necesaria para que suponga un aprendizaje y no la muerte de la organización.

No se trata de ser un kamikaze o disruptivo de cualquier forma, sino una disrupción coherente. No es aversión al riesgo, sino la praxis de una inteligencia ejecutiva basada en la minimización del riesgo.

El miedo es el peor virus que puede entrar en una empresa, en un equipo, porque el miedo genera desconfianza, nerviosismo y la inseguridad te hace dudar

Y precisamente eso es lo que nos hacer cometer errores. Por ello, es fundamental e imprescindible generar, desde el ápice de la organización, a todo el equipo esa tranquilidad y motivación para trabajar sin miedo al fracaso. No olvidemos que el éxito de la transformación de una organización depende del nivel de intensidad de empuje e impulso de la base, hablamos de la estrategia bottom-up. Y para ello es clave un liderazgo innovador, con talento y talante.

Tras un desilusionante error, ante la duda, o cuando nos plantemos si pivotar e intentarlo de nuevo o abandonar, no hay que olvidar que aquellos retos que tienen grandes barreras de entrada y un alto nivel de complejidad para alcanzar, una vez nosotros las hemos superado, pasan a convertirse en una ventaja comparativa, un activo de gran valor y una fortaleza para nosotros frente a aquellos que pretendan entrar en el futuro y deban difícilmente vencer.

Finalizo como empecé el artículo: con un no tengas miedo a intentarlo, porque de los errores se aprende, aprendemos para mejorar y mejorando alcanzamos el éxito.

Eso sí, hazlo con determinación, motivación y seguridad, tal y como le adoctrinó el maestro Yoda al joven Jedi Luke Skywalker: Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

Lo mejor está por llegar...

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