Por José Carlos Díez

Partner de LUA

@josecdiez

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La economía en los orígenes del Neolítico era de autoabastecimiento y el mínimo comercio existente de trueque. El hombre desarrolló su ingenio y comenzó a usar dinero como medio de pago. Alguien quiere comprar y otro quiere vender y usan un bien de valor común aceptado para facilitar el intercambio. El origen del dinero fue con metales y monedas. Después, con la imprenta en 1440, comenzaron a poder emitirse billetes y ahora hay tarjetas de crédito y dinero digital distribuido en la red. 

Leon Walras, economista matemático francés, determinó el equilibrio general de una economía y diseñó un sistema de ecuaciones con n-1 incógnitas para que fuera determinado. El dinero se usaba como bien de intercambio para dar equilibrio al sistema. Alfred Marshall, maestro de Keynes, determinó que para que el dinero fuera un bien de intercambio y garantizara el equilibrio del sistema debía ser estable. 

Pero desde hace milenios los chinos, los romanos y luego los escolásticos de mi querida universidad de Alcalá comenzaron a estudiar el fenómeno de la inflación.

La inflación genera ilusión monetaria, que es equivalente a un impuesto, y hace que el dinero pierda capacidad de compra con el paso del tiempo. Es el impuesto más regresivo que existe ya que afecta especialmente a los más pobres, como está sucediendo en Venezuela. Para protegerse de la inflación el ser humano desarrolló el sistema financiero para emitir activos que paguen un tipo de interés que proteja a los ahorradores.

El 70% de la riqueza de los españoles está invertida en ladrillo.

El sistema comenzó con un esquema muy básico de depósitos y crédito gestionados por judíos en los burgos castellanos durante la Edad Media -y fuera de las murallas- para evitar cumplir las leyes de usura que prohibían cobrar tipos de interés. Hoy el sistema financiero se ha sofisticado hasta el extremo y hay infinitos activos con infinitos tipos de interés diferentes pero siguen teniendo la misma función: proteger al ahorrador de la inflación. 

El Banco de España elabora una excelente estadística que nos dice cuánto ahorro tienen los españoles, cuánta riqueza equivalente al ahorro acumulado durante todo su ciclo vital y en qué invierten esa riqueza para protegerse de la inflación.

El 70% de la riqueza de los españoles está invertida en ladrillo. Desde 1960 se han producido cuatro burbujas inmobiliarias. La de los años setenta y la última, que pinchó en 2008, fueron muy intensas con fuertes caídas de precio y aún hoy hay muchos españoles que compraron casas entre 2002 y 2008 cuyo valor está por debajo de lo que compraron. Solo los que se divorcian o reciben herencias se ven forzados a vender y realizan la minusvalía, pero el resto espera que los precios vuelvan a subir. 

Esa excesiva inversión en ladrillo no es muy habitual en otros países, especialmente en las economías más desarrolladas y con más nivel de renta.

La mayoría de españoles tienen sus activos financieros en fondos de pensiones que están fiscalmente incentivados. Eso aumenta la rentabilidad de la inversión y reduce la necesidad de asumir riesgos para proteger sus ahorros de la inflación.

El futuro del Ibex 35

 

Si España quiere seguir desarrollándose necesitará expandir sus mercados de capitales

El mercado de renta fija se ha desarrollado bastante desde 1999 cuando entramos en el euro y desde 2012 cuando se creo el Marf para emisiones de pagarés y bonos de pymes. Pero el mercado de bolsa para captar capital está muy poco desarrollado y la mayor parte del dinero invertido en la bolsa española esta concentrado en muy pocas grandes empresas.

El mercado alternativo para pymes es muy pequeño y con muy poca profundidad y se ha visto salpicado por varios escándalos que ha dejado muy tocada su reputación y complica las salidas a bolsa de pymes para captar capital, crecer y crear más empleo con mejores salarios. 

Capitalismo financiero

¿Hay alguna causa que ayuda a explicar esta aversión al riesgo de los inversores españoles y su mínima posición en activos con riesgo no inmobiliario?

En el gráfico anterior encontramos una muy contundente. España hasta nuestra entrada en Europa en 1986, y sobre todo en el euro en 1999, era un país con una tasa de inflación elevada de dos dígitos y una moneda muy inestable sometida a crisis cambiarias periódicas. Eso ayuda a explicar que los inversores exigieran a la deuda pública española un tipo de interés muy elevado para protegerles de la inflación.

Como se observa en el gráfico, la deuda pública española ha pagado tipos de interés muy por encima de la inflación en los años ochenta y noventa. Eso ayuda a explicar que los ahorradores españoles no necesitaran asumir riesgo invirtiendo en bolsa en otros activos financieros para protegerse de la inflación.

La mayoría de españoles tienen sus activos financieros en fondos de pensiones que están fiscalmente incentivados. Eso aumenta la rentabilidad de la inversión y reduce la necesidad de asumir riesgos para proteger tus ahorros de la inflación.

Para los gestores de fondos de pensiones y aseguradoras era muy sencillo cobrar sus comisiones sobre tipos de interés muy elevados y muy por encima de la inflación. Por lo tanto, los españoles no tenemos un gen que nos haga inversores más aversos al riesgo que los de países más avanzados. Hay causas racionales que justifican la no necesidad de asumir riesgo para proteger sus ahorros de la inflación.

El cambio estructural comenzó en 2015 con el programa de compras de deuda del BCE

La entrada en el euro permitió que España tuviera tipos de interés más bajos y próximos a la inflación, pero la burbuja absorbió buena parte del ahorro y no permitió el desarrollo de los mercados de capitales en España.

La crisis de 2008 inició la política de tipos al 0% del BCE pero como se observa en el gráfico el miedo a la ruptura del euro mantuvo los tipos de la deuda pública muy por encima de la inflación.

El cambio estructural comenzó en 2015 con el programa de compras de deuda del BCE, que bajó significativamente los tipos de interés de nuestra deuda pública al 2%. Y que se ha intensificado con la pandemia, que ha bajado los tipos de la deuda pública a niveles próximos al 0%.

 

¿Por qué decidimos lanzar nuestro fondo LUAfund?

 

Como ha sucedido en otros países, los inversores españoles irán aumentando sus posiciones en activos con riesgo. La mayor restricción de capitales está en las pymes, lo que infravalora sus precios. Esto es lo que nos lleva a los socios de LUAfund a lanzar nuestro fondo.

Los primeros inversores en capital riesgo en pymes altamente competitivas con gran potencial de crecimiento, especialmente internacional, podrán comprar esos activos muy baratos y venderlos dentro de unos años a los inversores más aversos al riesgo que llegarán tarde y comprarán más caro.

Llevo 25 años trabajando en los mercados financieros y asesorando a inversores y nunca había visto una oportunidad tan atractiva para invertir. 

Ese mayor apetito por el riesgo se producirá por necesidad y por interés propio. Pero como nos enseñó Adam Smith, provocará un aumento de la inversión, del empleo y de la productividad, y permitirá aumentar los salarios y la renta por habitante, como ha sucedido antes en los países que lideran la era de la tecnología global. 

Carpe diem.

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