Por Gema Coria

Directora Operaciones y Desarrollo de negocio Vega Pelayo y asesora de LUAfund

@CoriaGema

LinkedIn: /gema-coria-6b10629b/

¿Usted también ha escuchado que el 36% de los puestos de trabajo actualmente existentes serán automatizados en un medio plazo? ¿Que como consecuencia de esta transformación el 36% de las personas empleadas va a pasar a situación de desempleo? 

Incluso, si el dato que manejan distintas consultoras es cierto, y es muy posible que lo sea, no son los robots los que han venido para destruir el empleo, es la falta de competitividad en las empresas que no apuesten por ellos la que conseguirá este efecto.

La robótica industrial en España

Si han imaginado que hablamos de empresas del ámbito industrial es cierto, pero no solo. En España, la evolución de las tecnologías involucradas en la nueva generación de robótica industrial está haciendo que cada vez sea más rentable para más empresas (y más pequeñas) robotizar sus procesos.

Y es precisamente esta facilidad de acceso -que permiten costes más bajos- lo que hace que la automatización de procesos vaya a extenderse, de hecho ya lo hace, a la prestación de servicios más allá del sector industrial. 

El empresariado se enfrenta a dos opciones que parecen irrenunciables pero excluyentes:

  • ¿Invertir en robotización y asumir la destrucción de empleo como una consecuencia inevitable a la que el Estado deberá hacer frente?

O…

  • ¿Renunciar a un incremento de la productividad, pero mantener las plantillas hasta agotar las expectativas de viabilidad de un modelo de negocio que cada día estará un poco más obsoleto hasta que simplemente una mañana esté definitivamente clausurado?
robotica industrial

La respuesta al dilema entre robots sí o no, es sencillamente que no hay dilema. 

Analizadas superficialmente, en cualquiera de las dos opciones, el trabajador antes o después pierde su empleo y el Estado pierde recursos al verse obligado a asumir los altos costes de ofrecer el necesario soporte a las personas desempleadas. Y en el inicio de la cadena, pierde la empresa que ve adelgazado su mercado de compradores y engordadas las facturas fiscales que le pasará un Gobierno obligado a recaudar entre menos para redistribuir entre más. 

Si a esto sumamos que un informe de la consultora Mckinsey afirmaba recientemente que 800 millones de trabajadores en el mundo podrían perder sus trabajos en pro de los robots y los cobots hasta 2030, un horizonte propio de una distopía cinematográfica parece dibujarse en el horizonte.

Pero la realidad es más rica en matices y en oportunidades. Merece la pena escuchar al Foro Económico Mundial cuando señala hacia el reverso positivo de la evolución tecnológica: 133 millones de nuevos roles de trabajo y 58 millones de nuevos empleos están a punto de nacer.

La respuesta al dilema entre robots si o no, es sencillamente que no hay dilema. 

Es momento de definir las competencias de los que en las próximas décadas deberán ser los “trabajadores insustituibles”, los que llamarán compañero a un robot, pero no temerán su competencia.

Esto no va simplemente de automatizar procesos manuales

La tecnología nos ofrece la posibilidad de compatibilizar rentabilidad y empleo si sabemos cómo. Y en el modelo empresarial del futuro, el modelo de trabajo mixto humano-robot, es la empresa quien pone a la persona (no solo como consumidor o como trabajador sino como ciudadano) en el centro: la empresa humanológica.

Su desarrollo abre un necesario y global proceso de inteligencia colectiva que debe reconceptualizar el sentido del trabajo.

Para la empresa, incorporar a un ser humano como una pieza más en una cadena automatizada será una nefasta gestión de los recursos. Un despilfarro de talento, habilidades sociales y creatividad o capacidad innovadora.

De esas capacidades exclusivamente humanas que ni se crean ni se destruyen pero se potencian mediante una educación que tiene que reinventarse mucho y rápido para definir cuáles son las habilidades que la empresa va a requerir de los nuevos trabajadores y trabajadoras imprescindibles.

Acabamos de vivir una experiencia en la que los “trabajadores invisibles” se convirtieron en “trabajadores esenciales”. Es momento de definir las competencias de los que en las próximas décadas deberán ser los “trabajadores insustituibles”, los que llamarán compañero a un robot, pero no temerán su competencia.

Los robots no llegan solos. Llegan con 133 millones de nuevos roles de trabajo y 58 millones de nuevos empleos que las empresas vamos a querer cubrir y los trabajadores van a querer desempeñar en un nuevo entorno humanológico.

Qué es una fintech

Ana y Gema Coria, responsables de Vega Pelayo y La Constancia. En Vega Pelayo ya fabrican 44.000 sobaos a la hora. FOTO: DAVID S. BUSTAMANTE

Los robots ya están aquí y para completar esta transición, empresa y sociedad tenemos deberes conjuntos por delante

Debemos redefinir el papel del trabajo como transformador de la vida individual y social en un entorno de cambios acelerados y de gran complejidad y diversidad. O lo que es lo mismo, el prestigio, la reputación, las posibilidades de crecimiento laboral de los trabajadores humanos, los valores intangibles asociados a un puesto de trabajo del que estar satisfecho y orgulloso como empleado, deben ser preservados en esta transición tanto como los derechos laborales tangibles y cuantificables.

Si queda aún alguien a quien extrañe hablar en estos términos a algún miembro del empresariado, será alguien que se ha perdido el innegable papel vertebrador y el compromiso social que la empresa española ha asumido durante los momentos en los que la enfermedad nos recordó que la fragilidad de los humanos es tan grande como su capacidad de responder al caos con improvisación, y a los “troyanos” que se introdujeron en nuestro sistema con investigación. 

Lo cierto a esta hora es que sea lo que sea lo que haya desayunado esta mañana, es muy poco probable que haya llegado a su mesa sin tener contacto en algún momento de su producción o su transporte con un equipo robótico.

¿Ha destruido empleo en la fábrica que produjo los alimentos la incorporación de los “compañeros robot”? ¿O ha permitido que una buena parte de los trabajadores que manipulaban los productos se dediquen ahora a tareas de control de calidad, desarrollo de nuevas líneas o a la implantación de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible)?

La automatizacion industrial no solo trae consigo a los robots…

Automatizar procesos en la empresa libera las capacidades de nuestras plantillas, de nuestra sociedad, y potencia lo que ningún algoritmo es capaz de sustituir: la infinita capacidad humana de resiliencia, de innovación, de creatividad y de improvisación como vacuna de eficacia probada frente al caos. 

¿Usted también ha escuchado que el 36% de los puestos de trabajo actualmente existentes serán automatizados en un medio plazo? Probablemente, pero no se preocupe: la automatización industrial y los robots no llegan solos. Llegan con 133 millones de nuevos roles de trabajo y 58 millones de nuevos empleos que las empresas vamos a querer cubrir y los trabajadores van a querer desempeñar en un nuevo entorno humanológico.

Si sabemos, si queremos, si nos comprometemos como sociedad a desarrollarlo, claro. 

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